Comer de estación, el sabor del verano en su mejor momento
- Maria Jesús Reyes Herrera
- 20 ene
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 9 feb
El Mercado de Verano en MUT se instala como una celebración a la abundancia estacional y lo que significa comer según los ciclos de la tierra. Todos los sábados hasta el 21 de marzo, la producción local es la protagonista de una experiencia que se vive —y se saborea— en plena ciudad.
Por: María Jesús Reyes H.

Si piensas en el tomate, el zapallo italiano, los porotos verdes, el choclo, el melón y la sandía, inmediatamente te trasladarás a un verano en Chile: fresco, jugoso y, obvio, muy caluroso. Es una temporada abundante de frutas y verduras, donde son protagonistas y, tanto ensaladas como guisos, reflejan la identidad agrícola del país. Las ferias se llenan de color y las personas —muchas veces acostumbradas a tener disponibilidad todo el año en supermercados— se dan cuento de cómo la estacionalidad es fundamental para conocer el verdadero sabor de cada producto.
No obstante, no existiría esta abundancia sin los productores locales, quienes trabajan la tierra siguiendo los ciclos naturales y haciendo que los alimentos lleguen frescos desde la cosecha a la mesa. Sostienen una economía local, educan y, por sobre todo, fortalecen el vínculo entre las personas y el territorio.
Bajo esa premisa y teniendo como objetivo celebrar las estaciones a través del encuentro, el color y la variedad, el Mercado de Verano se instala todos los sábados (hasta el 21 de marzo) en el piso 1 del Mercado Urbano de Tobalaba (MUT), siendo un espacio de encuentro y conexión directa entre productores y consumidores. En el, los asistentes pueden conocer quiénes están detrás de lo que comen, su historia y revalorar el sentido de consumir de manera consciente y por estación, fortaleciendo una relación más cercana con quienes hacen posible que el verano chileno se exprese con su máximo esplendor.
“Estamos tan acostumbrados a tener de todo, todo el año, que no nos damos cuenta de que todas las frutas y verduras tienen una estación y un momento de cosecha. El sabor es distinto, es por eso que hay que aprender de eso y darse cuenta de que, por algo, no se comen tomates en invierno y sí en esta fecha. Porque no solo son para comprarlos, sino también para que las personas se animen a querer plantar y tener su mini huerta. Poder seguir los ciclos de la naturaleza, ya que finalmente nosotros también somos cíclicos al igual que ella”, afirma Michelle Tristain del campo urbano El Floripondio en Chicureo, Colina, quien organiza esta instancia junto a la agricultura y emprendedora Carmen Garrido de La Cooka.
Pero, ¿qué significa realmente comer fresco y local? Según Garrido —o la “coleccionista de tomates” como se describe en Instagram— es hacer un gran aporte a la comunidad. “Estás apoyando a agricultores que se dedican a regenerar la tierra y a cultivar de estación. Es comer sabor, es comer sol. Es aprovechar cada producto en el momento que tiene que ser”.
En ese contexto, propuestas como las hortalizas agroecológicas de Nutrivora; la “charcutería artesanal para paladares exigentes” de La Chica de Humo; la panadería romántica y pomposa La Frø; y la diversidad de productos elaborados con leche de cabra de Cabritalegre, entre otros, dan cuenta de cómo estas instancias operan como un verdadero puente entre productores locales y consumidores. Un vínculo directo y cercano que resulta especialmente valioso para quienes habitan la ciudad y no suelen acceder a espacios donde la compra se realiza de forma personal, de tú a tú.

“Principalmente, se trata de apoyar a los huerteros, a la comida y al lugar donde vivimos. Es superimportante comer bien, entender de qué se trata lo que consumimos y su valor nutricional. El Mercado de Verano es una instancia donde conoces a las personas que van a comer tus productos y donde puedes transmitirles lo que estás haciendo; educarlos”, concluye Mick Jackson de Campo Petrichor.










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