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Tamango Brebajes: la alquimia cervecera que nunca quiso ir a favor de la corriente

  • Foto del escritor: Maria Jesús Reyes Herrera
    Maria Jesús Reyes Herrera
  • 3 may
  • 4 min de lectura

Actualizado: 12 may

Desde sus primeras pruebas como homebrewers hasta la creación de un concepto gastronómico integral, esta cervecería nacional ha expandido su propuesta más allá de la cerveza para convertirse en una experiencia sensorial completa, donde cada detalle responde a una misma lógica: provocar, conversar y seguir explorando.


Por María Jesús Reyes H.


Fotos Tamango Bar (@tamangobar).
Fotos Tamango Bar (@tamangobar).

En Chile, donde la cerveza artesanal alguna vez fue sinónimo de botellas de vidrio, perfiles clásicos y una “comida de bar” más indulgente y salada, dos aficionados a los brebajes decidieron hacer exactamente lo contrario: apostar por las latas cuando nadie lo hacía, empujar los límites con una narrativa reconocible y crear cervezas con carácter, como su ícono Corta Corriente.


Los socios Felipe Gelerstein y Luis De Urruticoechea se describen como “alquimistas, aventureros y adictos a la lupulina sin ganas de rehabilitarse”. Desde su adolescencia, experimentaron con la fermentación como buenos científicos en su laboratorio, creando cervezas artesanales que los llevaron a lanzar su marca en 2018, que hoy se conoce como Tamango Brebajes. “Justo antes estábamos hablando de nuestra época de homebrewers. Ambos pasamos por eso, con la gran diferencia de que a mí me quedaban muy malas. Sin embargo, es ahí donde se complementaron nuestras personalidades, porque Felipe es muy científico”, afirma Luis sobre sus caminos: él siguió por Ingeniería Comercial y Felipe por enología.


El amor por los brebajes —“por todo lo líquido: desde el mate hasta la cerveza y también los cócteles”, como dice Felipe— los llevó a construir un lenguaje propio, con latas coloridas, nombres reconocibles y perfiles que invitan a la conversación: Sunset, Fitz, Coyote, Elektra, Morning Wood, Pantera, entre muchas otras.





No obstante, detrás de esa estética hay una convicción basada en la calidad y la frescura del producto que los hizo entender que la lata —una apuesta arriesgada en aquellos años— era el mejor formato para preservar ambos pilares fundamentales para la marca. “Al minuto de tomar la decisión de la lata, nos cuestionamos qué queríamos hacer realmente. El objetivo siempre fue hacer cervezas de calidad, y entendimos que el formato que mejor la protegía era ese. Nos mantuvimos firmes en eso, aunque en ese momento muchos nos decían lo contrario”, recuerda Urruticoechea, siendo Ben Wood y Asbjorn Gerlach de los pocos que les dieron aliento y ganas para este nuevo desafío.


Todo tomó forma en su planta de producción en Quilicura —el punto de inicio para futuros proyectos—, pero el norte siempre fue crear experiencias que unieran esta pasión de ambos con su amor por la gastronomía. Para Gelerstein, Tamango funciona como una plataforma creativa: “Un espacio donde no solo se elaboran cervezas, sino también otros brebajes —desde gin hasta cócteles— bajo una misma lógica: productos originales, con identidad, que generen conversación y den ganas de seguir probando”. Y es ahí donde la chef Isidora de la Cuadra entró en el juego.


Isla Tamango: una experiencia en 360°


Con su primer local en Bellavista —Tamango House Beer, que cerró sus puertas en agosto de 2024—, los socios se dieron cuenta de que la experiencia de tomar una cerveza, disfrutar con los más cercanos y compartir platos podía elevarse aún más.


“Cuando comenzamos con el restaurante en Bellavista, donde empezamos a conversar con Isi sobre el menú, ella nos ayudó a acotar la carta y que no fuera un mix de platos de distintas partes del mundo. Más allá del maridaje puntual con cada cerveza, el foco siempre fue crear una experiencia cervecera: preguntarnos qué queríamos comer nosotros cuando tomamos una cerveza”, añade Felipe.


De izquierda a derecha: Luis De Urruticoechea, Isidora de la Cuadra y Felipe Gelerstein.
De izquierda a derecha: Luis De Urruticoechea, Isidora de la Cuadra y Felipe Gelerstein.

Aquel diálogo —que continúa hasta el día de hoy— dio forma a Isla Tamango: un concepto completo en torno a lo que significa la marca y que va más allá de un buen servicio. Terrazas exteriores, una barra con 16 salidas de cerveza fresca, coctelería experimental —su carta Tamango Island New Tour, con preparaciones a $7.990: Paloma Elektracutada, Control Crucero, Tiny Desk Mocktail, entre otros— y una carta pensada para compartir, distender y probar de todo. Tanto paladares exigentes como golosos pueden convivir en un espacio donde todo responde a una misma lógica: disfrutar.


Para Isidora, la cocina debía estar a la altura: “No puede ser que la cerveza sea la estrella y la comida se quede atrás. Tiene que haber equilibrio, buen producto y coherencia en sabores, tal como la cerveza”. Su propuesta recoge una identidad difícil de clasificar: platos sin pretensiones, bien ejecutados —como el tartare de filete acompañado de tostadas y nori; las croquetas de mar, de jaiba con bisque de crustáceos y merluza; su versión de gyozas, que confirman ser “una pelea a muerte con palitos”; o su tarta vasca con queso de ovejas latxas, que recuerda un viaje por el País Vasco—, que mantienen una estética cuidada y una narrativa que dialoga con el universo visual de Tamango.



Un siguiente capítulo




Bajo ese mismo espíritu inquieto, hoy Tamango se proyecta con nuevos desafíos. Su próxima apertura en el Mercado Urbano Tobalaba no busca replicar lo ya construido —menos ser una cadena—, sino explorar una narrativa distinta en torno a su tesoro más preciado: la cerveza. “Nos gusta que cada espacio sea diferente, que en cada lugar se pueda comer y probar algo nuevo”, adelantan los socios. Fieles a esa lógica, apuestan por una experiencia distinta —desde la ambientación hasta la propuesta gastronómica, de la mano de Isidora—, manteniendo sus pasiones cerveceras como base, pero expandiendo el universo Tamango hacia otros formatos. “Sería muy fácil replicar nuestrosw bestsellers, pero la idea es que alguien pueda venir acá a buscar sus favoritos [su local en Vitacura], y en MUT, encontrar otras completamente diferentes”, finaliza Luis.


Entre las novedades —y el popurrí de brebajes que aparecían en esta conversación— anticipan un concepto poco explorado: un raw fish & lager bar, pensado para seguir empujando los límites de lo que puede llegar a ser una verdadera experiencia cervecera.


El templo de Tamango Brebajes: Isla Tamango (Juan Bautista Pastene 3101, Vitacura).




 
 
 

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