OTTO, de raíces alemanas y alma italiana
- Maria Jesús Reyes Herrera
- 10 jul
- 3 min de lectura
No te dejes engañar por su nombre, este local de barrio está lejos de servir platos alemanes tradicionales. Su propuesta apunta a lo italiano: pastas caseras y una cocina pensada para disfrutar sin apuros, en un ambiente familiar y cercano.
Por José Domingo Méndez C y María Jesús Reyes H.

Quién no ha escuchado alguna vez en su vida los nombres "Don Otto" y "Fritz", los protagonistas de chistes clásicos de la tradición chilena que estereotipan la cultura alemana bajo la figura de dos caballeros muy elegantes, un tanto rígidos, que protagonizaban situaciones ingenuas y, a veces, un tanto absurdas. Lo divertido es que, llevado a los tiempos de hoy —y sobre todo a un restaurante—, eso no tiene mucho que ver con lo que es un alemán, pero sí hay quienes en Chile encuentran en esos nombres cierta familiaridad que les hace sentido.
Sofía Wagner y Aurel Crux —una pareja chileno-alemana que se conoció mientras estudiaban en Austria— se instalaron en Chile hace alrededor de siete años con las ganas de abrir un restaurante cercano y casero que, bajo sus propias reglas, invitara a las personas a disfrutar de forma distendida de su espacio y su comida. A diferencia de otras propuestas, primero vino el nombre, "Otto", que, según Sofía, fue un guiño a las raíces de su marido: "Algo corto, pegote y que, de alguna forma, representa a Aurel, que es alemán".
En esa búsqueda de un ambiente tranquilo y familiar —"un local de barrio cercano y casero"—, idearon una carta rápida que, al mismo tiempo, fuera contundente, siempre estacional y en ningún caso pretenciosa. "Finalmente, todos esos elementos que queríamos nos llevaron [irónicamente] a la cocina italiana. Cuando empezamos a buscar un cocinero, justo llegamos a uno con ascendencia italiana; fue todo perfecto y dijimos: ‘sí o sí tiene que ser pasta casera, comfort food y que te haga sentir en casa’", agrega Sofía.
Para mañana y tarde, OTTO
Ubicado en Santa Beatriz 203, Providencia, en un comienzo apuntaban a tener más flujo a la hora del almuerzo, ya fuera por las oficinas a su alrededor o por quienes tienen la oportunidad de acortar el día con una salida. Ahí nació el plato del día, que va cambiando —valga la redundancia— todos los días y se acompaña de una ensalada o una sopa en invierno. Por nombrar algunas, sus propuestas van desde ravioli de espinaca y ricotta, gnocchi con pesto y rúcula y pappardelle allo stracotto di manzo (pasta ancha con estofado de larga cocción al vino tinto), hasta arancini rellenos de queso fundido, bruschettas con verduras y polpette al sugo (albóndigas en salsa pomodoro con focaccia), entre las entradas.
No obstante, el movimiento en el barrio los llevó a ampliar su oferta al brunch y al café de especialidad, pero todo dentro de lo italiano —también con opciones de huevos pochados y revueltos—, como el prensado italiano de jamón y queso con pesto y tomates deshidratados, y la tostada con ricotta y tomates.
Al preguntarle a Sofía por novedades, afirma que apuntan a incursionar en sándwiches y focaccias, para lo cual buscarán trabajar con productores artesanales, sobre todo de pastrami. Y, si se le pregunta por su cambio de vida entre Alemania y Chile, dice estar feliz acá, en un ambiente mucho más relajado. "Aquí todo es más cercano y nos gusta que la familia tenga un rol más importante. Mi familia vive en el sur, entonces también tenemos un poco los ojos puestos ahí para quizás, en un futuro de mediano o largo plazo, irnos para allá. Nos gusta más la cultura latinoamericana que la europea para vivir, pero de todas formas, queremos traer un poco de eso europeo acá", finaliza Sofía.










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